"HASTA SAN ANTÓN PASCUAS SON"
Aprovechando que hoy es sábado, que es 17 de enero, que es la festividad de San Antón o San Antonio Abad o San Antonio Magno, que si el tiempo no lo impide, la imagen de San Antón que tenemos en nuestra iglesia va a volver a salir la calle, que debido al llamado “empoderamiento animal” no solamente van a ser bendecidos nuestros animales sino que también van a ir a misa y aprovechando que soy veterinario, hoy voy a dedicar esta entrada a San Antonio Abad.
Siendo niño recuerdo que en un arcón de madera grande, que había en la cámara de mi casa, en la entonces calle mártires, se amontonaban unos tacos de papeletas de color azul que tenían impreso el siguiente texto: “Rifa de la Hermandad de San Antonio Abad”. Como niño que era, jugaba con ellas y ahora lamento no haber guardado alguna para esta ocasión.
Cuando fallece mi padre, traslado todos sus libros y papeles a mi casa y recuerdo que entre ellos había un libro de actas de la Hermandad de San Antonio Abad. En el mismo se recogen los años desde 1955 a 1963.
La vida de San Antonio Abad nos ha llegado gracias a escritos de San Atanasio de Alejandría. La biografía “Vita Antonii”, escrita durante su primer destierro en el desierto, se cree que pudo ser entre los años 356 a 366.
La imagen de San Antón o San Antonio Abad se reconoce con facilidad en todas las iglesias, ermitas o espacios sagrados, porque se representa con la figura de un anciano barbado cubierto con un capote oscuro que lleva dibujada una T en su hombro izquierdo, apoyado en un bastón del que, a veces, cuelga una campanilla; en ocasiones sujeta un libro en su mano izquierda y siempre va acompañado por un cerdo a sus pies.
Para profundizar en la historia de San Antonio Abad o San Antón, como es conocido popularmente, nada mejor que recurrir a la obra del dominico italiano Santiago de la Vorágine, “La Leyenda Dorada”, escrita a finales del siglo XIII, para la que se basó en los escritos de su biógrafo San Atanasio “Vita Antonii”. En ella nos cuenta que nació en el año 251 en el Alto Egipto, hijo de ricos y nobles padres, y que a sus veinte años oyó leer en la iglesia el pasaje “Si quieres ser perfecto, vende tus bienes y reparte entre los pobres el dinero que obtengas de la venta.” Y así lo hizo. Se desprendió de todas sus posesiones y luego se retiró al desierto de Tebas para hacer vida eremítica y ascética.
San Antonio tuvo que soportar a lo largo de toda su vida innumerables tentaciones de los demonios para que abandonara el camino de la oración. Luchó contra los apetitos de la carne que se le presentaban en forma de bellas seductoras, desafió y se enfrentó a los diablos que se convertían en sus perseguidores. Los malos espíritus surgidos del infierno le atormentaban en su retiro y en sus visiones aparecían por el espacio demonios, animales y bestias extrañas y feroces que querían despedazarlo.
En su vida eremítica conoció a un viejo anacoreta llamado Pablo, con quien se alimentó con el pan que un cuervo les traía, tal como se representa en algunas pinturas. Por su fama de hombre santo y austero, Antonio fue seguido por otros ermitaños que querían encaminar su vida espiritual, y eran muchos los seguidores que acudían a él para pedirle consejo. Se fue iniciando así una comunidad de ermitaños de vida en común que no seguían ninguna regla escrita. San Antonio Abad recibía a todos aquellos discípulos, los enfermos o los poseídos, que se le acercaban atraídos por su aura de santidad con el fin de ser sanados o para que les encaminara en la vida espiritual.
La muerte de San Antón, según cuenta su biógrafo San Atanasio, aconteció en el año 356, cuando contaba 105 años de edad, y por su deseo los restos fueron enterrados en una tumba anónima. Más de un siglo y medio después de su sepultura, sus reliquias, que fueron tenidas como milagrosas, se desenterraron y se depositaron en una iglesia de Alejandría.
Saint-Antoine del Viennois – Sepulcro Relicario de San Antonio (1667).
Las imágenes de San Antonio Abad, que se han venido difundiendo a lo largo de los siglos para que los iletrados pudieran entender y conocer su vida y sus milagros, establecen una iconografía que se reconoce fácilmente por una serie de atributos.
La Tau es el símbolo distintivo que los miembros de la Orden Antoniana llevaban por señal y divisa y fue considerada como amuleto contra el mal y contra la muerte súbita. Era la letra elegida por Dios para la salvación, como se puede leer en la Biblia (Ezequiel 9,4. Los mensajeros de la destrucción): “Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y pon por señal una Tau en la frente de los que se duelen de todas las abominaciones que en medio de ella se cometen.” “Pasad en pos de él por la ciudad y herid. No perdone vuestro ojo ni tengáis compasión: viejos, mancebos y doncellas, niños y mujeres, matad hasta exterminarlos, pero no os lleguéis a ninguno de los que llevan la Tau”.
El cerdo es la representación animal más popularizada de la imaginería de San Antón, pero sobre su significado simbólico hay diferentes versiones. Una de las explicaciones legendarias de la presencia del cerdo en la iconografía de San Antón es que este animal simboliza la concupiscencia y la lujuria representadas por uno de los diablos que fue convertido en este animal, tras las muchas tentaciones que sufrió el santo. Porque, el cerdo simboliza a los demoníacos gadarenos conjurados por Jesucristo, según el pasaje del Evangelio (Mateo 8, 28-34) “Y había allí una gran piara de cerdos paciendo junto al monte. Y los demonios le rogaron, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. Y El les dio permiso. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se precipitó por un despeñadero al mar, y en el mar se ahogaron”.
También, esta representación iconográfica se relaciona con el hecho de que la antigua orden hospitalaria de los Antoninos criaba cerdos, ya que la grasa de estos animales se utilizaba para ungir a los enfermos de ergotismo.
La campanilla es otro de los símbolos que acompañan a la imagen de San Antón, bien colgada del cuello del cerdo, o pendiendo del báculo, que simbólicamente alejaba a los malos espíritus. La campanilla, con la Tau grabada, avisaba de la presencia de los antonianos cuando iban a pedir limosna. Por su sonido, sabían los vecinos, los campesinos, los ganaderos, los fieles, que pasaba un fraile o un representante de San Antón y que a él sí que le podían dar limosna, en un tiempo en el que reinaba la picaresca.
Otros dos elementos son el libro y el báculo. Unas veces este bastón tiene la forma de Tau y otras se representa como un báculo abacial. Según algunos autores, el libro representa las lecturas directas de la Naturaleza que hacía en su retiro en el desierto, ya que San Antón tuvo todas las ciencias por divina virtud. Otros lo relacionan con las reglas monacales. Y hay también quien dice que son las Sagradas Escrituras.
En muchas de las fiestas que se celebran en torno a San Antón, el fuego está presente en las hogueras. En algunas imágenes se representa el fuego a los pies del santo o sobre el bastón, porque había resistido al fuego de las tentaciones. Podría tratarse de un elemento purificador asociado al santo, como dominador del fuego de la enfermedad o “mal de los ardientes”, esa plaga temida que consumía los miembros de las personas.
El pan. Es mucha la iconografía relacionada con San Antonio Abad en la que podemos encontrar la escena en la que un cuervo lleva en su pico, para él y para San Pablo, un pan con el fin de que se alimenten durante su retiro espiritual. En la actualidad, el pan está presente en todos los rituales que se celebran en honor a San Antón el día 17 de enero, y se bendice “para que se vea libre de todo veneno que haya en él”.
En Noblejas la fiesta de San Antón se celebraba como todas las fiestas religiosas: misa, procesión, banda de música y cohetes.
En este caso tenía la peculiaridad de la rifa del cerdo. Ayer vi a Manuel García-Calderón en el centro de salud y me explicó con todo lujo de detalles lo del cerdo. Parece ser que para San Antón estaban preparados dos cerdos, uno de ellos el que se rifaba por la Hermandad y el otro que iba a ser el candidato para el año próximo. Según me comenta, el cerdo estaba suelto por las calles del pueblo y eran los vecinos quienes le alimentaban. “Si tenías la ocurrencia de dar de comer dos días seguidos al cerdo en la puerta de tu casa, el animal estaba allí todos los días”.
Los ingresos de esta hermandad provenían de la venta de las papeletas para la rifa, lo que recogía en las andas y los donativos. Como se puede observar en los libros también había donativos de personas y se repite varias veces el donativo de los quintos.
Posteriormente y con el paso de los años parece ser que la subasta se simplificó y fue para un jamón en vez de para un cerdo. En los apuntes del libro de actas, es en el año 1960-61 cuando aparece por primera vez la rifa del jamón.
BIBLIOGRAFÍA:
SAN ANTÓN Y EL ERGOTISMO - Artículo de Eugenio Monesma Moliner - Febrero de 2018 - Revista ALACAY. -SAN ANTÓN Y EL ERGOTISMO – Pyrene PV | Productora de Video | Huesca
Abadía de Saint-Antoine del Viennois -Saint-Antoine del Viennois - Monasterios
Leyenda áurea - Leyenda áurea - El León y la Pluma
Santiago De La Voragine. La Leyenda Dorada. Tomo I [ocr] [1999] by Santiago de la Voragine – Alianza Forma – Alianza Editorial - Santiago De La Voragine. La Leyenda Dorada. Tomo I [ocr] [1999] : Santiago de la Voragine : Free Download, Borrow, and Streaming : Internet Archive
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